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Encuentro en Majadahonda (agosto 2011)

30 ago

Un relato para explicar una experiencia no debe ser largo. Así que si tiene que ser corto y conciso, lo mejor es hacerlo girar en torno a palabras que aclaren y cuenten, que sumen en nuestra mente. Y en nuestro corazón. Así que tres palabras podrían resumir el encuentro de Vocare en este fin de semana del 26 al 28 de agosto.

Abrazo. El abrazo es sinónimo de acogida, de bienvenida y de reencuentro. El viernes llegábamos a Majadahonda, con Esteban, César, Puri, Borja y Raúl desde Valladolid; y Juan y Sergio desde Salamanca. Y nos acogía también Salva. La alegría del reencuentro después de muchos meses o no tantos, de dar la bienvenida a Sergio que pisaba Vocare por primera vez. La alegría de comprobar que esta amistad ‘separada’ sigue viva y late con el mismo ritmo y la misma fuerza a pesar de distancias y de tiempos. Eso es el abrazo. Compartimos la oración del Dios-que-teje y que nos sigue uniendo, la cena y el descanso. Y el pan compartido fue esta vez una pizza y un partido.

Manos. Y es que las manos son eje en nuestra vida, las manos que acarician, que bendicen, que se dan, que entregan… La mano es símbolo de Vocare y es símbolo de Hermandad. El sábado por la mañana, los sacerdotes y el Obispo de Ciudad Guayana impusieron sus manos sobre la cabeza de nuestro hermano Diego, operario de Canarias, que se unió al orden de los presbíteros en el Parque Móvil. Poder compartir ese momento con él fue otra gracia más, poder ser Hermandad, poder abrazarle después, darle las gracias por el paso dado, por ser sacerdote de Cristo, como Manuel, y en su ser ‘libre para servir’, servir a todos. Las manos abrazaron, compartieron y retiraron lágrimas de alegría por lo vivido. Y Vocare fue más grande. Y el pan compartido fue entonces el catering ofrecido y compartido, las fotos y el traer y llevar bandejas de una sala a otra. David y Javi se unieron a nosotros para ser más manos.

Notas. Las notas afinadas de las guitarras, y alguna desafinada de nuestras voces, se unieron en la tarde para compartir lo que somos cantando, componiendo, revisando. Entre risas y bolsas de patatas fritas gigantes hablamos del misterio de la fidelidad de Rut, de su amor, y lo hicimos componiendo; y hablamos de la historia de Vocare con la canción gracias por la vida, y recordamos la presencia del trigo en nuestras vidas con la voz de Borja contándonos que necesita esta tierra más trigo. Escuchamos la música mágica de nuestros amigos de sin arreglo. Y César, Borja y Esteban nos pusieron al día de lo que se está haciendo y de lo que podemos hacer. Ana estuvo presente con su voz y en nuestro corazón en esta tarde. Y la mañana del domingo las notas sonaron otra vez para animar la Eucaristía de las 12. Así que esta vez el pan compartido fue el mismo Jesús entregado en la mesa.

De manera que entre abrazos, manos, notas y panes compartidos transcurrió este encuentro, con nosotros y con Jesús. Sigo sin saber qué es Vocare, pero Vocare sigue creyendo, cantando, compartiendo y creciendo.

Un abrazo.

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